¿Cómo se construye un dictador? ¿Qué tan corresponsable es cada uno de nosotros en esa construcción? ¿Qué tanto su surgimiento es la respuesta a condiciones específicas de un país? ¿Qué tan lejos de nosotros se encuentran las decisiones de un dictador? Éstas y otras preguntas surgen de la lectura del libro La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa.
Escrito con la prosa maravillosa del ganador del Nobel, el relato -que ciertamente se excede en la extensión de las historias de los personajes- nos enfrenta inicialmente con la historia del dictador de República Dominicana, con la descripción de sus atrocidades y abusos. Pero haciendo una lectura más profunda, nos encontramos con que, más que la vida del personaje central, nos está describiendo la naturaleza humana con todas sus flaquezas y paradojas.
El dictador, quien inicialmente tiene ideales y deseo de cambiar las cosas, se va construyendo como respuesta al deseo profundo de las personas de ser dirigidas, de ver sus problemas resueltos por alguien que les evite la engorrosa tarea de asumir responsabilidad por la propia vida. Pero en esta peligrosa codependencia, el tirano se va desencantando de aquellos a quienes dirige, cuando ve la facilidad que tienen para prostituirse ante él, sacrificando sus más altos ideales en aras de una supuesta seguridad.
Todos vamos entrando en ese juego perverso de permanecer callados ante la injusticia, el abuso y la arbitrariedad, porque es peligroso hacerlo. Al principio, algunos se percatan de lo que está sucediendo, pero cuando se trata de actuar, expresan con pesar que tienen familia y mucho qué perder, prefieren no hacer olas. Lo que no saben es que su renuncia a actuar irá profundizando el miedo a denunciar, a señalar lo que está mal y será al final, una profecía de autorealización: dijimos que iba a pasar e hicimos que pasara.
De espeluznante actualidad para los que vivimos en México y en otros muchos lugares de nuestro mundo en este agonizante 2024, nos debe motivar a ser valientes y alzar la voz ante los excesos y arbitrariedades de quienes detentan el poder, aunque haya costos por asumir. Creer ingenuamente que las acciones de la tiranía están lejos de nosotros, como en un limbo que no nos compete, es engañarse, como bien lo muestra el libro.
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