¿Cuánto poder podemos tener sin cambiar drásticamente nuestra forma de ser? ¿Cómo manejar el poder para hacerlo un instrumento de bien? Recuerdo el lema de campaña de un candidato a la presidencia del país hace algunos años: “que el poder sirva a la gente”. Desde luego que en el contexto político en que fue mencionado, sedesvirtuó o se chabacanizó, volviéndolo más un slogan de mercadotecnia política que un esfuerzo real para que eso sucediera. En “Victoria”, Premio Planeta 2024, la autora nos presenta diversas situaciones en donde el poder, desde el nivel familiar hasta el nivel mundial, opera en la vida de los personajes para generar conflictos de diversa índole y magnitud. Un libro hecho para consumo, que cumple el cometido de entretener, adolece de profundidad en varios personajes y en diversas situaciones de la propia historia.
Con la ágil prosa de Paloma Sánchez-Garnica, el relato busca presentar un equilibrio en cuanto a los grandes regímenes vigentes de la posguerra. Por un lado, habla de un Estados Unidos que, lejos de la idílica imagen del “sueño americano”, sufre un racismo y una hipocresía social indignante, chantajes, extorsiones, ilegalidades y espionaje sin límite ético -si este calificativo puede aplicar a un espionaje-, como diciéndonos que aún los paraísos suelen tener más pecados de los que les gustaría reconocer. Por el otro lado, el régimen totalitario soviético de la posguerra -situación que tristemente se está repitiendo en nuestros días-, con todas sus atrocidades y atropellos a los derechos humanos, afirmándonos que eso que pintaba como infierno, efectivamente lo era. En nombre del bien común en todos los casos, se usa el poder para, en teoría, mejorar la vida de los ciudadanos, pero en el intento, los métodos se llevan entre las patas la existencia de muchos de ellos. Y en el ámbito personal no es tan diferente, aunque percibirlo es más difícil porque es más sutil la manera en que opera. La narración nos presenta una relación muy difícil, por decir lo menos, entre dos hermanas, protagonista y antagonista, quienes juegan roles de poder que las lleva a tomar acciones, algunas inexplicables por irracionales y otras absolutamente ilógicas pero comprensibles en el contexto de la disfuncional relación entre ellas. Porque el poder es una fuerza con un potencial creador o destructor incalculables. Pocas cosas tienen el alcance del poder en la vida de las personas. El texto nos invita a ver el manejo del poder en nuestras propias vidas, en cualquier nivel y esfera que lo tengamos, para reflexionar qué estamos haciendo con él, qué tanto ese poder nos está llevando a transformarnos en generadores de dolor y de conflicto o si está sirviéndonos para crecer y hacer crecer a otros. Por todo esto, y a pesar de sus innegables carencias, el libro vale la pena ser leído.
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