¿Es la variedad y la novedad de experiencias vividas con una pareja la base para garantizar una relación duradera, estable y significativa? ¿O es la mil veces vilipendiada rutina lo que logra la magia de mantener juntos a dos seres humanos? En su libro “Los días perfectos”, escrito con una prosa hermosa, ágil y desparpajada, Jacobo Bergareche hace una revisitación del matrimonio y las relaciones, desde la perspectiva de una aventura extramarital.
Cuando el amor languidece, el villano favorito es la rutina; pero ¿qué pasa cuando, como en el relato, lo que existe es una variedad de actividades en pareja que, aparentemente, bastarían para mantener viva la relación? Embelesados en la historia, se nos antojaría vivir la magia de un tórrido fin de semana como el narrado, donde la espontaneidad, la sensación de libertad, la apertura a experimentar lo nuevo, sin miedos ni tabúes, son ingredientes esenciales, pero descubrimos que también está en peligro inminente de perder su encanto, tan pronto se repita suficientes veces.
¿Será entonces que, conforme pasa el tiempo, una relación tiene como destino inexorable el hundirse en la monotonía, la insulsez y el sinsentido? ¿Será siquiera una aspiración válida el intentar mantener ese factor de novedad, de ánimo de experimentar cosas nuevas en una relación?
En última instancia, ya sea a través de vivir múltiples experiencias diferentes o de la vivencia de rutinas que nos pueden dar seguridad, lo verdaderamente esencial está en el hecho de vivirlas con intensidad, de realmente disfrutarlas en todo lo que son, en darles significado, teniendo plena conciencia de lo que hacemos. Entonces, y solo entonces, vivir una tarde de series de televisión será tan gratificante como la más novedosa de las experiencias.
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