Después del círculo de lectura en el que comentamos Un caballero en Moscú, de Amor Towles, me vino a la mente un cuentecito que leí hace mucho tiempo en un libro de Anthony de Mello. Estaba un pez muy joven en el fondo del océano como buscando algo que, por lo que se veía, no lograba encontrar. Al cabo de un rato se encuentra con un pez ya anciano y le pregunta dónde estaba el Océano, porque lo había estado buscando por todas partes, sin resultado. Extrañado, el anciano pez le dice que aquello que los rodeaba era el Océano. Decepcionado, el joven pez le dice que eso no era más que agua, que él buscaba el Océano y, diciendo esto, siguió buscando.
Cuando en la discusión surgió el tema de la libertad, elemento central en el libro, nos preguntamos qué es realmente la libertad, libres de qué podríamos ser o aspirar a ser, cómo poder saber que eres libre. El personaje central de la novela es condenado a vivir en un lujoso hotel de Moscú, del cual no podrá salir nunca, so pena de muerte. El tema es novedoso y la manera de escribir del autor es muy pulida y ágil, aunque hay momentos en que parece que transcurren las páginas sin que suceda nada. Nos muestra la evolución de un hombre cuyo camino es descubrir en qué consiste la libertad realmente, más allá del aspecto Msico. Encarna el reto de alguien que no es libre físicamente y desea serlo existencialmente. Y es entonces cuando reflexionamos que muchas veces, como el pececito del cuento, buscamos la libertad, así en etéreo, pensando que es algo espectacular, que llegará en algún momento especial, sin considerar que vivimos tan en libertad como seamos capaces de percatarnos de ello.
El libro es finalmente una invitación a ser conscientes de ella y de la alegría de saber que nadie ni nada puede arrebatarnos nuestra libertad interior.
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